Nuestra energía es nuestra fuerza

Día Internacional de la Educación Social

El mundo de la educación social es como una montaña rusa, puede que la actividad vaya como la seda o puede que se esté en un infierno de circunstancias, es como un deporte de riesgo, nunca sabes a dónde vas a llegar o cómo y en que estado te encontraras al final de la aventura.

Dependerá en gran medida del estado emocional personal el cómo acabará el día, la semana, el mes o el año. En el trato directo con niños y adolescentes, establecemos unas transacciones que involucran nuestras emociones personales. Todo lo que sucede en el trabajo tiene un impacto que en ocasiones puede provocar secuelas, como nerviosismo, ansiedad, shock, parálisis, pérdida del sueño, depresión, desgana, entre otro sin fin de cargas o síntomas de que el trabajo está teniendo un efecto negativo en nuestra vida personal.

¿Cómo cuidarnos?

Para recargar las pilas, sanar las secuelas del trabajo y poder continuar, debemos ser conscientes de nuestras limitaciones personales, de los límites que nos encontramos en el sistema y de la convivencia con el equipo de trabajo con el que interactuamos. A partir de aquí, quizás sea más fácil desplegar nuestro potencial siendo conscientes que somos uno dentro de un equipo y de un trabajo, con mucho que aportar y con mucho que aprender.

Algunas consideraciones que pueden ser útiles:

  • Somos personas, no máquinas insensibles. Por tanto habrá días de todo, tristezas, alegrías, serenidad, euforia, malhumor, … la cuestión es ser conscientes de nuestros propios estados emocionales para diferenciar lo personal de lo que ocurre en el trabajo.
  • Cuando se presenta alguna situación desbordante, ser conscientes hasta dónde podemos llegar. Nunca está demás pedir la colaboración de un compañero o compañera que esté en mejores condiciones en el momento de un suceso, siempre y cuando no sea habitual recurrir a otras personas para que resuelvan la situación.
  • No tomarnos como personal las reacciones de las usuarias o usuarios de los recursos donde interactuamos. Recordemos que son personas vulnerables, con cargas emocionales y patrones familiares deficitarios que se manifiestan en diferentes circunstancias que actúan como detonantes de sus propios puntos de conflictos.
  • Puede suceder que en algún incidente se nos activen nuestras propias heridas emocionales, sensación de impotencia, shock, rabia, abandono, … en estos casos, conviene tomar conciencia del detonante y buscar ayuda profesional. A veces, uno mismo es capaz de reconocerse y en consecuencia redirigirse. Recordemos que las personas en estado de vulnerabilidad son muy hábiles para mostrarnos nuestras propias carencias y debilidades, son estas cosas a las que hay que prestar atención para entendernos a nosotros mismos.
  • Desde mi punto de vista, creo que no debemos salvar a nadie, cuando queremos salvar, nos ponemos por encima de los demás y sin quererlo nos podemos encontrar con niveles de conflictividad o rechazo que no comprenderemos.
  • No debemos pretender sustituir una figura familiar. Desde mi humilde experiencia he aprendido a no juzgar a las familias de niños y adolescentes. No sabemos qué llevo a alguien a cometer actos de abuso o violencia. Desde que practico este enfoque, en mi trabajo la relación con los niños y adolescentes es muy diferente.
  • En los equipos de trabajo, no siempre estaremos de acuerdo con decisiones, pero conviene respetarlas porque nos debemos al equipo.
  • Conviene reconocer las habilidades de las compañeras y compañeros de trabajo, si sumamos, siempre tendremos resultados positivos en todas direcciones.
  • Conviene desconectar del trabajo, cultivar espacios personales con amigos, pareja, familia, … Si no desconectamos, no es saludable trasladar los asuntos laborales a las relaciones familiares, sociales y a la intimidad personal.

En general, también es recomendable cuidar nuestro espacio, cultivarse a nivel de crecimiento personal, desconectar del trabajo y cuidar las relaciones personales y familiares que no estén vinculadas al ámbito laboral.

El trabajo de un educador y de una educadora, la misma palabra lo dice, es educar. Es decir, no podemos salvar a nadie. Somos figuras de referencia, facilitadores de procesos en los que muchas veces tenemos serias limitaciones para poder incidir de manera objetiva en determinados niños o adolescentes, porque sus historias personales pueden estar condicionadas en gran medida por patrones familiares muy arraigados que se reflejan en sus comportamientos, elecciones personales, la manera de relacionarse, enfermedades psiquiátricas, hiperactividad u otros tipos de déficit que muchas veces no podemos tratar pero estamos en la obligación de convivir con ello porque de eso se trata nuestro trabajo.

Douglas Varela
Educador Social, Colegiado N° 6353
douglas@cayac.cat
http://www.cayac.cat

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